ERES HERMOSO PARA DIOS

“Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo; he aquí que yo cimentaré tus piedras sobre carbunclo, y sobre zafiros te fundaré. Tus ventanas pondré de piedras preciosas, tus puertas de piedras de carbunclo, y toda tu muralla de piedras preciosas. Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos”              (Isaías 54:11-13).                                                                                                         ¡Esta es una profecía asombrosa! Las “piedras preciosas” mencionadas en el versículo 12 son joyas. La mayoría sabe que un diamante fue una vez sólo un pedazo de carbón en el que los elementos han trabajado durante años.

La Palabra de Dios nos está diciendo: “Tus aflicciones están destinadas a convertirte en algo hermoso, algo precioso para mí”.

Las “ventanas de piedras preciosas” son un tipo de cuarzo, hecho transparente por el fuego. El aspecto de “ventanas” tiene que ver con los ojos o la visión. Dios está diciendo que confiar en él a través de tus aflicciones te dará una visión clara, discernimiento. Te permitirá ver lo que no se ve, ¡con claridad cristalina!

La mayoría de los teólogos cree que la frase “puertas de piedras carbunclos” se puede leer con mayor precisión como “puertas de perla”. Las perlas se forman a partir de un grano de arena en el vientre de una ostra. Un fluido inyecta el grano y luego se ralla e irrita hasta que se convierte en una perla.

Cuando tú piensas en todas las ralladuras, las irritaciones y las fricciones en tu vida, ¿puedes visualizar que se está formando una perla? La mayoría de nosotros sólo puede sentir el dolor y la agitación de ser frotados de manera incorrecta; se requiere de una gran confianza para visualizar que una perla está siendo forjada por Dios. No obstante, cada perla es un recuerdo de sufrimiento, dolor, fricción y tiempo.

Yo creo que Isaías está hablando de la belleza de Jesucristo en este pasaje. En otras palabras, la aflicción, cuando se le permite realizar su trabajo, produce un pueblo que resplandece con la belleza del carácter de Cristo. Somos convertidos en joyas preciosas que adornarán Su ciudad santa al descender del cielo.

David Wilkerson (1931-2011)

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